Mostrando las entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas

31 de diciembre de 2011

2011: un año de lecturas



El 31 de diciembre se me antoja tan bueno como el 14 de octubre o el 27 de enero para hacer balances. Sin embargo, es en estas fechas cuando los medios de comunicación invitan a reflexionar sobre los titulares más relevantes del año, los mejores libros publicados durante los últimos 365 días, las defunciones más lloradas, las noticias más tristes o las hazañas más alegres con que la humanidad subraya un período que será barrido irremediablemente por nuevos titulares, otros libros, más defunciones y logros no menos sorprendentes que los que ahora cierran este año cargado de pesadumbre económica y cinturones ajustados.

Todo el mundo sabe que las listas obedecen a criterios sesgados y siempre subjetivos, pero también ayudan a comprender o a comprenderse. El siguiente listado es una enumeración de mis lecturas del 2011 tal como las he ido anotando en mi cuaderno, mes a mes, libro a libro. La expongo como si fuese un resto arqueológico, un fantasma del pasado más cercano que se aparece de repente, en mitad de este mundo digital, para recordarme lo que he sido, lo que he aprendido, lo que ahora sé o, al menos, he sabido durante las semanas en que leía estos libros que configuran un pequeño rasgo del gran rostro de la cultura literaria.

La lista tiene un valor relativo. Me pregunto si yo sería el mismo de no haber leído estos 67 libros. Creo que sí, sería exactamente igual que el que soy. Por eso su valor es relativo y no absoluto: ninguno de ellos, por sí solo, ha cambiado mi vida. Pero todos ellos, sumados al conjunto de lecturas de otros años, han mejorado mi criterio como lector, me han inducido a ser más selectivo, a no tragarme cualquier texto porque lo citen en los suplementos culturales como la quintaesencia de la literatura. La lectura voraz e indiscriminada tiende, por tanto, a reducir mis intereses como lector. Creo que muchos coincidirán conmigo en este pensamiento.

Al transcribir la lista me he dado cuenta de que hay pocos libros de relatos y de poemas. La explicación es sencilla: ambos géneros se prestan a un disfrute transversal, imposible de practicar con las novelas o los ensayos. Puedo pasar una tarde brincando sin rubor de Cortázar a Katherine Mansfield, picoteando poemas de Gamoneda, de Juan Ramón, de Rimbaud o Gil de Biedma. Leer es disfrutar leyendo y no hay nada más saludable que seguir la estela de la literatura dejando que el azar oriente mi mirada sobre este libro de relatos o aquel otro de poemas de mi biblioteca.

Los 67 libros son estos:

-La rive gauche, Herbert Lottman (ensayo)
-Cuatro dublineses (Wilde – Yeats – Joyce – Beckett), Richard Ellmann (ensayo)
-Memorias de una joven formal, Simone de Beavoir (memorias)
-Elegías de Duino, Rilke (poesía)
-El evangelio según Jesucristo, José Saramago (novela)
-El sobrino de Wittgenstein, Thomas Bernhard (novela)
-El quinto hijo, Doris Lessing (novela)
-El revés y el derecho, Albert Camus (artículos)
-Biografía del hambre, Amélie Nothomb (novela)
-Las primas, Aurora Venturini (novela)
-Los escenarios de la memoria, José Mª Castellet (memorias)
-Los testamentos traicionados, Milan Kundera (ensayo)
-Trópico de cáncer, Henry Miller (novela)
-La condición humana, André Malraux (novela)
-Diarios tempranos 1947-1964, Susan Sontag (diario)
-Poesía y verdad, Gabriel Celaya (artículos)
-Las ciudades blancas, Joseph Roth (viajes)
-En Grand Central Station me senté y lloré, Elisabeth Smart (novela)
-Antón Chéjov, Natalia Ginzburg (biografía)
-Galileo, José Mª Baquero (biografía)
-Uno y el universo, Ernesto Sábato (ensayo)
-Rilke. La belleza y el espanto, Antonio Pau (biografía)
-Los premios, Julio Cortázar (novela)
-Querido Miguel, Natalia Ginzburg (novela)
-El inmoralista, André Gide (novela)
-Diario, André Gide (diario)
-Hainuwele y otros poemas, Chantal Maillard (poesía)
-Marzi, Sylvian Savoia y Marzena Sowa (cómic)
-Escribir después de Auschwitz/Discurso de la pérdida, Günter Grass (ensayo)
-Contrapunto, Don Delillo (ensayo)
-Pirámides de tiempo, Remo Bodei (ensayo)
-La sangre y el ámbar, David Torres (viajes)
-La jungla polaca, Ryszard Kapuscinski (viajes)
-Commandant of Auschwitz, Rudolf Hoess (memorias)
-Si esto es un hombre, Primo Levi (memorias)
-Vértigo, W. G. Sebald (narrativa)
-Los emigrados, W. G. Sebald (narrativa)
-Stravinski, E. Walter White/Santiago Martín (biografía)
-Océano mar, Alessandro Baricco (novela)
-Europa en guerra 1939-1945, Norman Davies (ensayo)
-Las benévolas, Jonathan Littell (novela)
-Dios no es bueno, Christopher Hitchens (ensayo)
-Ragtime, E.L. Doctorow (novela)
-Helena o el mar del verano, Julián Ayesta (novela)
-Anatomía de un instante, Javier Cercas (novela/ensayo)
-Austerlitz, W. G. Sebald (novela)
-La gaviota, Anton Chéjov (teatro)
-El adversario, Emmanuel Carrére (novela)
-Amarillo, Félix Romeo (novela/testimonio)
-La leyenda del santo bebedor, Joseph Roth (novela)
-Muerte de un caballo, Andrés Barba (novela)
-Alma, Javier Moreno (novela)
-El coronel Chabert, Balzac (novela)
-El belvedere, Juan Bonilla (poesía)
-Nocilla dream, Agustín Fernández Mallo (novela)
-Dibujos animados, Félix Romeo (novela)
-Asterios Polyp, David Mazzucchelli (cómic)
-Elogio y refutación del ingenio, José Antonio Marina (ensayo)
-El que apaga la luz, Juan Bonilla (relatos)
-El hacedor, Jorge Luis Borges (relatos/poemas)
-El hacedor (de Borges), remake, Agustín Fernández Mallo (relatos/poemas)
-Ombligo sin fondo, Dash Shaw (cómic)
-Aquí, Wislawa Szymborska (poesía)
-Dublinés, Anfonso Zapico (cómic)
-Los adioses, Juan Carlos Onetti (novela)
-El doble, Dostoievsky (novela)
-Corrección, Thomas Bernhard (novela)

Empieza un nuevo año y yo espero con impaciencia el momento de seguir anotando mis lecturas en esta cuenta en la que siempre hay ganancias y apenas sospecho pérdidas.

20 de diciembre de 2011

El hacedor (de Borges), Remake por Agustín Fernández Mallo

A mediados de 1957, Picasso se propuso reinventar una vez más la pintura tomando como punto de partida un lienzo de Velázquez: Las Meninas. Trabajó incansablemente durante varios meses hasta que el 30 de diciembre dio por terminada una serie compuesta por 58 variaciones de la obra del pintor sevillano. Cuesta creer que alguien pudiera acusar a Picasso de plagio. Enmudecidas, las bocas de los mercenarios del Arte sólo pudieron suspirar con fervorosa admiración ante tal proeza, y por partida doble: el enfant terrible de la pintura del siglo XX acababa de liberar al Arte de un corsé demasiado estrecho para los tiempos que corrían con una autoridad que no admitía críticas (aunque, como es sabido, no era la primera vez que lograba un mérito semejante) y, lo que es más importante, lo hacía a partir de una obra clásica, hasta entonces intocable. Picasso demostraba así que en el Arte nadie tiene la última palabra, ni siquiera Velázquez, y que toda obra es susceptible de ser revisada o, empleando un término más actual, revisitada: si el malagueño vistiera chupa de cuero negro, pantalones ajustados y gafas Ray-Ban Police, hubiera titulado su serie Las Meninas Revisited.

Parece ser que María Kodama, viuda de Borges y heredera de su legado, no comparte la misma opinión. ¿Kodama o su séquito de abogados de bufete acristalado de doscientos dólares la hora? Poco importa. En un acto de autocensura con muy buenas intenciones la editorial Alfaguara retiró hace unos meses el último libro de narraciones y poemas de Agustín Fernández Mallo, titulado El hacedor (de Borges), Remake.

La obra de AFM es a El hacedor de Borges, lo que fue la serie de Meninas de Picasso al cuadro de Velázquez.

AFM no es Picasso, ni falta que le hace.
AFM tampoco es Borges, ni necesita serlo, porque por algo es AFM.
AFM toma el título del libro del bonaerense.
AFM toma cada título de cada cuento y de cada poema del libro de Borges y recrea cada poema, cada cuento y, en definitiva, el libro entero logrando un producto nuevo y moderno (o, como él mismo ha acuñado, postpoético), conceptual, irónico y arriesgado.
AFM ha imitado la osadía de Picasso, pero no ha imitado a Borges.
En todo caso, AFM es Josef K. y, como el oficinista de Kafka, la mañana en que la editorial Alfaguara retiró la obra de las librerías sin duda se sintió acusado de un delito que no había cometido.
Este es El proceso de AFM.
Peor aún: este es El proceso que se libra contra el Arte.

El Arte necesita renovarse, revivirse, extenderse, reconstruirse. Porque el Arte que no se enriquece con la actualidad está condenado a agotarse, a exhibirse en los museos los fines de semana como si fuese el esqueleto de un dinosaurio que contemplamos con indiferencia y hastío de domingo por la tarde.

El Arte es vida o no es.

No creo que sea casualidad que el libro de AFM comience, precisamente, en el CERN de Ginebra, a 30 km del cementerio de Plain Palais, donde está enterrado Borges. AFM ha invitado al maestro a salir de su tumba ginebrina a que vea mundo, este mundo, este nuevo mundo, el nuestro. Gracias a AFM, Borges ha recuperado la vista y ha comprendido que los mitos han caído porque esos mitos que hablaban de Ilíadas y Odiseas ya no sirven. Necesitamos otros sueños. Menos gastados, menos transitados. Y la propuesta de AFM es El hacedor (de Borges), Remake.

Al principio, dice AFM, no fue Homero, sino la explosión del Big Bang, la creación del Universo, el origen de protones y neutrones, quizá del bosón de Higgs (todavía una entelequia matemática), el todo concentrado en un magma arrollador a partir del cual se formaron las galaxias, los planetas, los dinosaurios, Europa, el capitalismo, unas Adidas Campus.

El principio, por tanto, no es la literatura sino la ciencia, que intenta comprender la vida tal como la conocemos.

No, no es cierto: el principio tampoco es la ciencia.
El principio de todas las cosas es la imaginación.

La imaginación es improvisación, experimentación, ingenio. Es renunciar al mainstream que llena la palabra <<cultura>> o la palabra <<literatura>> de productos que agonizan en el mismo parto, entre sangre y dolor, cuando ni siquiera la palmada en el culo consigue arrancarles el grito que necesita ser aullado hasta hacer vibrar las paredes del quirófano de la creación artística. Sin grito no hay obra que merezca la pena. Si no, que se lo pregunten a Munch.

El hacedor (de Borges), Remake es el grito de AFM que sacude el paritorio para orgullo de su padre y gozo de sus herederos: los lectores.

Mientras Borges escribía Kafka y sus precursores no estaba pensando en Zenón, ni en Kiekergaard. Pensaba en sí mismo. Y pensaba en AFM. Y pensaba en los que vendrán. No hay rivalidad entre ellos. Lo dice Borges, no yo, citando, sin duda apócrifamente, a T.S. Eliot: <<cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro>> [Otras inquisiciones, 1952]. Veladamente, Borges no escribió Kafka y sus precursores sino Borges y sus precursores, situándose a sí mismo en un punto de inflexión de la narrativa universal que conduciría a nuevos hallazgos, en este caso -hoy- al de AFM. Con el tiempo vendrán otros, y nos harán más libres.

La imaginación es ingenio, y el ingenio es rechazo a la seriedad, ironía, humor, desenfado. Libertad. Lo sugiere José Antonio Marina en su Elogio y refutación del ingenio, donde también apunta un dato que merece rebatirse: el ingenio se agota en sí mismo, nada puede crecer de las ramas del frondoso árbol que dibujaron, cada uno a su manera, Gómez de la Serna, Miró, Malevich (a quien AFM cita en su libro), Tzara, John Cage… Yo, en cambio, no creo que el ingenio se agote en sí mismo. El ingenio es renovación. Muerte y renacimiento. El Arte, a través del ingenio y de la imaginación, necesita demoler sus propios cimientos constantemente para crear nuevas coordenadas sobre las que alzar una nueva mirada a nuestro mundo. Después de la debacle hay que seguir construyendo, y las coordenadas del mundo de hoy no pueden estar más claras, ni ser más accesibles: Google Earth.

Puedo descender con la misma facilidad al April Salome Forest de la isla Papua Nueva Guinea, que a la Sierra Calderona de España y contemplar dos vegetaciones distantes más de 5000 kilómetros, en los escasos 40 centímetros de lado de mi pantalla Acer de 17’’. Tenemos el mundo a vista de pájaro y podemos abarcarlo con un simple movimiento del dedo índice sobre la rueda del ratón. Así de cerca está el mundo, nuestro mundo.

Una de las mejores revisiones del libro de AFM lleva por título Mutaciones y se apoya en Google Earth. En el cuento homónimo de El hacedor, Borges alude a la flecha de un guerrero, el lazo de un jinete y una cruz rúnica para alterar su sentido al proyectarlas a su hoy: la flecha indica un camino, el lazo ha devenido corbata y la cruz se transmutó en mecanismo de tortura donde asesinar dioses. Estas mutaciones plantean una cuestión trascendental: los utensilios quedan rebajados o elevados a la categoría de símbolos y quién sabe qué símbolos traducirá el porvenir.

AFM ha creado sus propias mutaciones, mucho más novedosas e intrigantes:

1. Un recorrido por los monumentos de Passaic 2009 plantea un viaje siguiendo las huellas de Robert Smithson, quien, en 1967, recorrió la zona residencial de Nueva Jersey llamada Passaic en torno al río del mismo nombre, buscando monumentos contemporáneos: un puente, un conjunto de tuberías desaguando en el río, un bar de carretera llamado Golden Coach Diner y un cajón de arena. AFM sigue los pasos de Smithson sin abandonar su apartamento pues “pasea” por Passiac gracias a un viaje virtual de vista panóptica usando GoogleEarth.

2. En Un recorrido por los monumentos de Ascó, repite el viaje, enlazando el itinerario del río Ebro a su paso por Ascó (Tarragona) con el del río Passaic, y el cajón de arena del norteamericano con una muestra de la arena contaminada debido a una fuga de partículas radiactivas de la nuclear, detectada el 14 de abril de 2008.

3. El tercer recorrido es cinéfilo y real (no virtual): AFM viaja a una pequeña isla rocosa, Lisca Bianca, al norte de Sicilia, siguiendo los pasos del equipo que filmó La aventura de Michelangelo Antonioni, de la misma forma que en 1983 un grupo de periodistas de la RAI se desplazó hasta allí para reconstruir cada escena de la película que se rodó en la isla. Al cabo de dos días a la intemperie, las imágenes de celuloide de Mónica en busca de Anna se han transformado en Mónica buscando a AFM, cerrando así el círculo de perseguidor y perseguido.

Las mutaciones borgianas han adquirido en la obra de AFM una nueva dimensión y los utensilios materiales (físicos) que pensó el escritor bonaerense son traducidos por AFM en una nueva simbología, no física sino conceptual, ampliando los límites de los objetos minúsculos del universo (flecha, lazo, cruz) en una nueva geografía más extensa y cartografiada por el GPS y los satélites geoestacionarios (Passaic, Ascó, Lisca Bianca).

Para dar el salto a la postpoética, AFM necesita apoyarse en Borges, a veces silenciándolo (parte de un título borgiano para construir algo nuevo), otras veces anclando ciertas imágenes del escritor argentino en sus propios textos, casi tan imperceptibles como el vaho que deja un aliento sobre un cristal trasparente, y en algunas ocasiones partiendo de un concepto como Dios (no olvidemos que Dios es un concepto creado por el hombre) para transformarlo de acuerdo a una inspiración que jamás renuncia al humor.

Borges es el trampolín en el que se balancea AFM antes de dar el doble salto mortal que lo conduce a la piscina sin agua de la nueva manera de entender la literatura.

Aunque Alfaguara haya retirado el libro del mercado, no es imposible hacerse con una copia. Búsquenlo en las librerías de viejo, descárguenlo, visiten en youtube los videos que conectan con esta figuración imaginativa y poderosa, esta narrativa conceptual y libre, este aullido estremecedor y fulgurante que el mejor Ginsberg hubiese querido firmar.

Estoy seguro de que el tiempo –ese otro concepto humano- pondrá las cosas en su sitio y Kodama y sus bien pagados súbditos leerán (porque no creo que lo hayan leído) este brillante homenaje a Borges y aún más brillante homenaje a la Literatura.

Más información en:

http://blogs.alfaguara.com/fernandezmallo/2011/10/06/carta-por-la-retirada-de-el-hacedor-remake/

http://www.elpais.com/articulo/cultura/peligros/rehacer/obra/literaria/Borges/elpepucul/20111001elpepucul_1/Tes

http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/2163/Maria_Kodama_logra_retirar_El_hacedor_%28de_Borges%29_remake_de_Fernandez_Mallo

http://hkkmr.blogspot.com/2011/10/carta-de-protesta-o-como-el-hacedor-de.html

30 de junio de 2008

Primera nieve en el monte Fuji

Yasunari Kawabata (1899-1972)

Leer un libro de Kawabata es contagiarse de sensibilidad, de poesía; es sentirse uno capaz de encontrar un mundo más allá de ese que nuestros ojos ven, más allá de lo que el paisaje nos muestra, y leer un relato de Kawabata es dejarse encantar por una prosa luminosa bajo la cual, apenas oculta por las frases, se esconde, intacta, la idea que nos quiere rebelar. Kawabata nunca dice, pero siempre quiere decir; no grita, emplea la sutileza; no sacude al lector con grandilocuencias, y no le es necesario porque después de leer un libro suyo se tiene la sensación de que por debajo de las cosas es cierto que existe un motor mucho más poderoso que eso que llamamos “hechos”; por debajo existen los sentimientos y las sensaciones, los pensamientos y las ideas, la moralidad y la inmoralidad, el amor y el odio, los remordimientos, los sueños, y todo un entramado de esas “otras” realidades que no vemos, pero están ahí.

El autor, al igual que hicieron los impresionistas del XIX, va componiendo estos diez relatos con pequeñas pinceladas donde la belleza y la pausa, el silencio y la extrañeza, el amor y el desamor, caminan de la mano para terminar demostrando que es posible escribir relatos de increíble sencillez formal y al mismo tiempo de un profundo contenido humano. Abundan en estos relatos de Kawabata los paisajes, las montañas nevadas, los árboles en flor, pero es capaz de contraponer cada uno de estos elementos con que va dibujando el fondo de sus narraciones, con el hecho humano, el dilema moral, el desamor, o el desencanto de un hombre y una mujer que fueron amantes y se encuentran ahora, después de tantos años, de una guerra, de la pérdida de un hijo, de toda una vida, para saber que ni uno ni la otra son ya los mismos que un día se enamoraron.

La naturaleza y la poesía al servicio del paisaje humano, eso es Kawabata.

Al leer a Kawabata se tiene la sensación de estar recibiendo un legado milenario que ha viajado de generación en generación en una urna de cristal que solo ha sido abierta para regar la semilla que yace en su interior. Tras la belleza estética de cada una de sus narraciones encontramos una belleza moral (sin pecar de moralizante), al igual que una belleza filosófica (sin desear ser un filósofo), y una belleza literaria (sin realizar aspavientos artísticos). Es pues, Kawabata, un autor que no subordina el texto para exclusivo goce y recreo del lector, ni para exhibir su pluma, le basta mostrar la sutil presencia de esa idea que nos quiere trasmitir, su planteamiento. Nada más. Y nadie tan alejado de nuestro barroquismo occidental como Kabawata.

No se engañen: detrás de su prosa preciosista hay también un mundo que está esperando ser descubierto. Tanto “Primera nieve en el monte Fuji” como “Historias de la palma de la mano” merecen una visita urgente: ambos son el lenitivo que conseguirá curarnos a todos del griterío en que vivimos inmersos.

12 de mayo de 2008

SIDECAR: Libros sobre ruedas

Más de una vez camina uno por entre los expositores de una librería sin saber adónde mirar, más por vergüenza de lo que allí se encuentra, que por cualquier otra razón. Más de una vez las librerías que uno frecuentaba en su adolescencia lo han abochornado por la precaria diversidad de libros, la ínfima relación de autores y el escaso fondo de sus anaqueles. Las últimas novedades se aglutinan en tropel y salen al paso del visitante siempre que respondan a ese top-ten que figura en las columnas de los periódicos dominicales igual que mandamientos de una iglesia caduca, obstinadamente terca en sus propuestas vacías y, por supuesto, condicionada al viento siempre cambiante que sopla desde las torres acristaladas de los grupos mediáticos. Los mandamientos, otra cosa no sé, pero prohibir, prohíben.

Este año no esperaba encontrar en la Feria del libro de Viveros otra cosa que no fuera toneladas de ejemplares del último Zafón, el dos por uno (como un par de latas de conserva) de Reverte, o una infumable obscenidad de libros de autoayuda. Ay.

Sin embargo, además de las casetas atiborradas de niños he podido descubrir una librería inusual, regentada por una aún más inusual librera, de mirada profunda y que atiende al tímido visitante con la experiencia a cuestas de quien bien conoce la literatura de Beauvoir, de Peri-Rossi, de Sylvia Plath, de Doris Lessing... Me detuve en el mostrador atraído por los libros de “Ediciones del oriente y del mediterráneo” –único lugar donde he podido encontrarlos en Valencia-. Más allá de mi interés por las “otras” literaturas, está el de la poesía, y en estos libros se concretaba una doble pasión: me llevé el “Libro de las huidas y mudanzas por los climas del día y la noche” de Adonis, y también “Compañero del viento” de Abbas Kiorastami. Y son grandes. Y bellos. Y merecen leerse mientras el sol se pone. O la luna emerge. O la sabia naturaleza nos brinda sus frutos en el ocaso de una tarde frente al mar. También en casa, sí, sintiendo con la lectura que el tiempo va deslizándose mansamente, cálidamente, con una tibieza propensa a hacernos vibrar el alma igual que si fuera el instrumento tañido al suave movimiento de esos dedos, de esos poemas. Esta poesía de la nada, del silencio, es capaz de abarcar en sus pocas líneas la vastedad de un horizonte inacabable, la inmensidad de un cosmos sin estrellas, el viaje infinito de una gota de rocío desde un extremo a otro de la hoja de un olivo. La hondura de una huella en la nieve tiene su igual, a través de estos poemas, en las profundas resonancias del alma. No hacen falta brújulas para este camino que se anda sin necesidad de mapas. Vale la pena recordarlo: Adonis y Kiorastami, dos poetas del mediterráneo.

Días después regresé a por más.

Me llevé los Cuentos reunidos de Peri-Rossi, y también su poesía, ambas editadas por Lumen. Y, ya en casa, tras leer un buen puñado de estos relatos y enfrascarme en la erótica palpitación de sus poemas, me dije que acababa de estar en el Paraíso. Justo allí. Algo dentro de mí me susurró: Y el séptimo día Dios vio que lo que había hecho era bueno. Yo pensé en Cristina Peri-Rossi, en Adonis, en Kiorastami y en la librera que me había vendido todos estos buenos libros. GRACIAS.

Corrí de nuevo a la Feria. Le pedí la tarjeta, le pregunté el nombre, le rogué que me diera la dirección de la librería... Pero no se confundan, que esta librera no es como las demás, ni esta librería tiene un húmedo callejón en donde esconderse. Ella me respondió: “La librería soy yo y una Honda Transalp de 650cc, te busco el libro que quieras y te lo llevo a casa. Así de fácil.”

Así de fácil.

En su tarjeta venía la dirección del blog y vale la pena perderse entre sus líneas. En sus palabras se huele el incienso del amor a la literatura, el fuerte aroma de las ganas por que las cosas sean de otra manera, de la manera que quieran ser, o de la manera que uno quiera que sean, pero no esa imposición que viene desde fuera, a gritos, en columnas de diario o por la megafonía de los grandes almacenes.

Yo me quedaría con este nombre: SIDECAR. Libros, sobre ruedas.
También con el blog: http://sidecarlibros.blogspot.com

Y de paso, les pediría un libro. O dos.
O uno cada mes.
O dos.

Hacen falta librerías así, sobre ruedas o sobre patines, con libreras como ellas, que aman la literatura, aconsejan con intuición a los clientes y nunca tendrán en las vitrinas de su blog ningún listado, ningún top-ten, ningún imperativo que nos impida pensar por nosotros mismos si un libro es bueno, o, por el contrario... ya saben.

15 de diciembre de 2007

LA CINTA DE MOEBIUS, Manuel Talens

Manual de Teología electrónica para internautas
Alcalá Grupo Editorial


Manuel Talens es ese pensador ilustrado –tan difícil de encontrar en nuestros días- que se entrega a una causa justa, como Sócrates, como Descartes o Chardin, sin esperar a cambio otra cosa que la verdad: renuncia a una existencia tranquila para sumergirse en una batalla en nombre de la razón perdida. Nuestro tiempo está habitado por extrañas sombras, y Talens pone todo en manos de la razón, con la esperanza de que le sea devuelta esa verdad. La búsqueda de la naturaleza de la verdad es la justificación de “La cinta de Moebius” (2007).

Alejado de las proezas narrativas de sus anteriores novelas, “La parábola de Carmen la Reina” (1992) e “Hijas de Eva” (1997), en las que resolvía universos propios con altas dosis de lirismo y un estilo circular con un marcado uso del tiempo y su rueda imparable, comienza su nueva obra con un lenguaje nada afectado, limpio, a ratos frío como el estilete de un cirujano (no en vano Talens practicó la medicina durante veinte años) y renuncia al barroquismo en beneficio de un discurso conciso, transparente, lleno de ideas revolucionarias y de imaginación. ¡Imaginación al poder!- dijeron los del 68.

Manuel Talens, el escritor filósofo, el pensador de nuestro tiempo, tiene el don de transmitirnos con su pluma el deplorable estado de la nación terrenal, usando para ello la base científica unida a la teología ficción: religión y ciencia. Se sirve de la alegoría bíblica para contemplar el mundo en que vivimos.

“...todo arte constituye un intento de recuperar la inocencia perdida y la escritura es una forma sublime de arte para reconstituir el éxtasis del paraíso [...] la grandeza del acto de escribir consiste precisamente en el fracaso indudable de la tarea”.


Como hizo Voltaire con su Cándido, Talens emplea el personaje del arcángel Gabriel para recorrer los oscuros pasadizos del poder como un Dante que desciende a los Infiernos -la tierra- para dar cuenta en el Paraíso –el Reino de los Cielos-, de que hay algo que no marcha. El arcángel, aterrado por la visión que ha recogido en los informes de sus emisarios en la tierra, y por ello sumido en una profunda desazón, solucionará el desastre del mundo –ahora replicado en una base de datos binaria en el mundo digital-, eliminándolo. Borrándolo. No hay otra salida que recomenzar desde el principio, crear de nuevo el génesis.

“La cinta de Moebius” es también un juego, un invento matemático, una destreza de la ciencia que representa y ficciona el infinito y su multiplicidad. La cinta, propiamente dicha, es inacabable, como el libro, cuyo principio que se pliega en su mitad y regresa al origen, al génesis, y contiene en la superficie narrativa, en el discurso, un doble plano: el de la Historia de los hombres y el de la Historia de Dios.

Talens, transfigurado en Dios único y creador omnisciente, nos revela en el libro que todo es posible y todo está permitido; rompe con dogmas decimonónicos, con la elaboración tediosa de personajes y voces, con la rutina de la trama, y lo hace arrancando con un personaje principal, el arcángel Gabriel –en esto es conservador, ya que será este personaje el que lleva todo el peso de la historia- que nos guiará desde los orígenes del mundo conocido, desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, recorriendo también la Historia de la Literatura con una alegre visión del Reino de los Cielos. Allí, en el cielo, habitan Homero, Ovidio, Virgilio, Dante, Rabelais, Shakespeare, Garcilaso de la Vega, Miguel de Cervantes, Gutenberg, Platón, Safo, Aristóteles, Cicerón, Séneca, Tito Livio, miembros todos del Club de Escritores Seráficos, en pugna intelectual y rebelde contra el papado y sus tretas en nombre de Dios.

Apenas encontramos en la obra personajes inventados, pues todos pertenecen al orden de la Historia (el arcángel Gabriel, Lucas el apóstol, los escritores y los papas), con la excepción de dos, en los que se apoya para el desarrollo de la trama:

- hacker John Carmichael Barlow, alter ego de John Perry Barlow (1947 -), poeta y ensayista estadounidense, graduado en religión comparada y promotor del Ciberespacio Independiente firmado en Davos en 1996 (fecha y lugar que resuenan con vehemencia en los anales de la contrarrevolución globalizadora del liberalismo actual);

- la doctora Verónica Isenring (recordemos que fue la Verónica bíblica quien tendió un velo a Jesucristo para enjugarle el rostro);

Estos dos personajes junto con Ernesto Cardenal (poeta y activista, que fue amonestado por Juan Pablo II en 1983 frente a las cámaras de TV que en ese momento transmitían a todo el mundo por propagar doctrinas apóstatas), permitirán a Talens cruzar su historia celestial con el conocido mundo terrestre y el novísimo mundo cibernético.

Además del argumento en pos de la salvación de un Dios convaleciente y anciano (perfectamente diagnosticado con mecanismos científicos y físicos), en la obra nos cruzamos con constantes referencias al mundo de las artes, con pensamientos y confesiones que son sin ninguna duda la propia declaración de intenciones del autor “el arte por el arte no le convencía demasiado” (p. 29); “Y fue así, por pura conveniencia ética y estética, como Gabriel abrazó el activismo” (p. 30); además de esgrimir por todo el libro conceptos como la intertextualidad, el plagio, la revisión histórica con base marxista, la semiótica y el metalenguaje.

No solo aparecen por sus páginas ese elenco de escritores que forman el Club de Escritores Seráficos, sino que también se asoma Bach –referencia obligada por la circularidad de su obra-, el propio matemático Moebius, y el guiño a sus obras anteriores (el médico Lucas Evangelista ¿no es el Lucas Toledano de “La parábola de Carmen la Reina”?, la propia Carmen la Reina, p. 167, las “Hijas de Eva”, la rueda del tiempo y, por supuesto, la venganza que se va construyendo a lo largo de todo el libro contra el sistema, contra el capitalismo neoliberal que busca el dominio del mundo con su máscara falsaria). Hasta nos encontramos con algo así como un autorretrato del propio Talens en la página 51.

No es de extrañar que Dios malviva en un estado de coma permanente. Talens reformula el “Dios ha muerto” de Nietzsche dentro de un nuevo contexto, el del s. XXI, en donde los muertos vivirán eternamente conectados a goteros y respiradores.

Escribe Talens en la página 31: “Una cosa es el discurso y otra muy distinta la realidad”, lo cual me hace pensar si no estaremos entonces atados de pies y manos... ¿Para qué combatir? Acaso la única respuesta válida la encontremos también en otro escritor que ambos –Talens y yo mismo-, admiramos:

TUZENBACH:
Vamos a ver. Después que hayamos muerto nosotros, las gentes volarán en globos, cambiarán el estilo de las chaquetas, descubrirán quizá un sexto sentido y harán que se desarrolle... Pero la vida seguirá igual que antes: una vida trabajosa, llena de misterio y de felicidad. Y al cabo de mil años, la gente seguirá diciendo entre suspiros: “¡Ay, qué duro es vivir!”. Y, sin embargo, temerá a la muerte y no querrá morir, exactamente igual que ahora.

VERSHININ (Pensativo):
¿Qué diría yo? A Mí me parece que todo lo de este mundo tiene que cambiar poco a poco y que ya está cambiando ante nuestros propios ojos. Dentro de doscientos, o trescientos, o hasta de mil años –el número no importa- aparecerá una vida nueva y feliz. Nosotros no participaremos de ella, por supuesto, pero vivimos ahora para ella, sí, y sufrimos con el fin de crearla. Ése es el único objetivo de nuestra existencia y, si quiere usted, ésa será nuestra única felicidad.

Las tres hermanas
A. Chéjov


“El referente no ha cambiado, pero sí el contexto” (pág. 72). Tal vez sea esta afirmación el quid de toda la novela. Con el cambio de contexto (la actualidad cibernético-científica y el revisionismo histórico), la Biblia adquiere matices que debemos analizar, y Talens desarrolla a lo largo de todo el libro una aguda puntualización de los referentes del Génesis: si Dios hubiera creado la tierra imponiendo a los hombres el mandamiento de compartirla y gozarla por igual, no estaríamos habitando un mundo plagado de guerras y desolación.

No debemos olvidar que Talens es también traductor, es miembro y creador del grupo de traductores Tlaxcala, y claro defensor de esta tarea del escritor en la sombra. Como tal, brinda un clarísimo homenaje a sus compañeros de pluma en la página 77: Karen Shashok, Fernando Navarro, Luis Manuel Pestana, Fausto Giudice y el dibujante Kalvellido.

En el segundo capítulo, “El diagnóstico de Dios”, Talens emplea una serie de informes médicos (con lenguaje y estructura absolutamente científicos), con los que concluye los siguientes diagnósticos: Dios padece Alzheimer y es hermafrodita con autonomía reproductora, San José no fue más que el padre putativo de Jesucristo sin relación de consanguinidad, y el sexo de los ángeles es aplumado (ya que en el corpúsculo de Barr se encuentra una pluma microscópica).

Con estos informes médicos, la novela comienza a transformarse en otra cosa. Comienza a perder su narratividad, su expresión “artística” o literaria, y muta en un juego intelectual en el que los informes científicos y los correos electrónicos (revisión de la novela epistolar), acercarán la narración hacia el siguiente estadio, a una cota más de la vocación humanista de Talens, al capítulo siguiente: “Solución cibernética de la omnisciencia imposible”.

Pero, ¿dónde se encuentra el pliegue de la cinta? ¿Dónde comienza a perderse exactamente la narración para transformarse en ensayo, en profusión de ideas? Como en la propia cinta de Moebius, el punto de cambio, el giro o la inflexión, es imposible de determinar. El discurso narrativo está gravitando sobre la historia y poco a poco se puebla de informes, de correos electrónicos, la narración aparece y desaparece, y queda completamente mutada pocas páginas después del comienzo del capítulo “Solución cibernética...”, para aparecer de nuevo, como introducción a los “Informes sobre el estado de la nación terrenal”, el capítulo cuarto.

Tras la muerte de John Carmichael Barlow, su alma queda encargada de mantener el Servidor Divino, www.yosoyelquesoy.com. Más tarde, en noviembre de 1992, el arcángel Gabriel se encuentra con su propia biografía (que comienza en una fecha todavía por llegar, 2009) colgada de ese mismo servidor. El capítulo “Solución cibernética de la omnisciencia imposible” se estructura como un cruce epistolar y cibernético del análisis del propio texto que estamos leyendo, es decir, de la propia novela que tenemos entre las manos. Este punto de inflexión es otro meandro de la historia, otro de sus muchos pliegues narrativos, una curva en el universo de Talens.

El análisis de la propia obra, dentro de la misma obra, es una clara referencia a la pérdida de inocencia de los lectores. Es natural que así sea. Hoy en día, abrumados por la vastedad de las bibliotecas, por las mil lecturas de clásicos y modernos, con manuales de historia de la literatura leídos y subrayados por doquier, no somos lectores inocentes. Hemos perdido la capacidad de ser sorprendidos con tretas narrativas. Estamos más que acostumbrados al manejo del lenguaje, de los verbos y del tiempo (esa absurda naturaleza etérea que nos condena con su avance persistente). Talens no solo conoce bien al lector actual, sino que con este recurso semiótico, formula una nueva hipótesis de su propia narración: la historia que estamos viviendo, nuestro hoy gobernado por los medios de información, la prensa, la televisión, y el neoliberalismo, debe ser revisado desde otras perspectivas. El capítulo no es simplemente un juego narrativo, no es un ardid más de novelista, pretende evidenciar que la lectura de la Historia debe contenerse a sí misma y analizarse igual que se analiza la Historia.

Dice el personaje Barlow: “los textos reflexionan sobre su propia escritura y son capaces de hablar no sólo consigo mismos, sino con otros textos”; y esto es en la obra de Talens un firme propósito que se desgrana desde la primera línea. Todo el libro está plagado de hiperenlaces o enlaces o llamadas a otros textos (en Internet, en las bibliotecas, en el mundo), hasta el punto de enlazar su propia obra consigo misma. Es la “Biblioteca de Babel” de Borges. Todos los textos están condicionados por las obras que los anteceden, y por el contexto histórico al que pertenecen. Pero aún hay más: el texto permanecerá con el tiempo, y será leído por las futuras generaciones como una solución a los problemas de nuestro hoy, sin saber cómo vendrá el mañana. Nuestros descendientes habitarán un contexto distinto, y el texto de Talens –todos los textos- serán revisados dentro de ese nuevo contexto histórico, aportando valor a nuestro hoy y a nuestro mañana, de igual forma que el Lazarillo, el Quijote, o el Tristam Shandy, son leídos hoy de manera muy distinta a como se leían en sus épocas.

Por esto Borges escribió su “Pierre Menard, autor del Quijote”; la tesis que planteaba el escritor bonaerense era esa: el mismo texto, palabra por palabra, tiene un significante diferente en 1605 o en 1939. Pierre Menard dedicó su vida entera a escribir el Quijote de Cervantes exactamente igual, palabra por palabra, a como Cervantes lo escribió. Al hacerlo, Menard obtiene una obra completamente distinta. Como expone el propio Borges: Cervantes empleaba un estilo corriente en su época, mientras que Menard es afectado y arcaizante.

Sin embargo, no creo yo que para justificar la omnisciencia absoluta del relato sea necesario que veamos como autor de “La cinta de Moebius” al propio Dios convaleciente –como apunta Talens, la obra está escrita por Dios-. Usar el narrador omnisciente en una época (hoy) en que está denostado el hacerlo, tiene más de desconfianza en las reglas, del todo vale si sirve a nuestros propósitos; y esto ya otorga validez al recurso de omnisciencia.

Tras el rizo semiótico del capítulo tres, nos adentramos en los “Informes sobre el estado de la nación terrenal” donde, por medio de seis relatos periodísticos de breve extensión (entre dos y cinco páginas cada uno), Talens señala los principales problemas humanos del s. XXI, a saber:

1. La Iglesia católica, y sus intereses por renovar el poder que ha ido perdiendo con los años, a cualquier precio.
2. El continente africano, y las políticas opresoras de los poderes tácticos del mundo, con la única finalidad de ir devastando este inmenso territorio para procurarse nuevas materias primas para la evolución del primer mundo.
3. El conflicto israelo-palestino, una guerra de hombres en beneficio, de nuevo, del imperialismo estadounidense, y en nombre de la religión.
4. La globalización neoliberal, el nuevo orden mundial, organizado por las potencias multinacionales y políticas a lo largo de las naciones del primer mundo para gobernarlo con un pie sobre el tercer mundo.
5. Los medios de comunicación, y su silencio. Dependen de grupos económicos que controlan la información. Controlando la información, se controla el pensamiento, las preocupaciones y por lo tanto se erige ese Pensamiento Único que solo nos esclaviza.
6. La energía terrenal, su escasez, y el tiempo de vida de la tierra tal y como la conocemos.

Con la lectura de estos seis informes no nos queda otra que temblar. La perspectiva es apabullante y caótica, sin que parezca posible que las cosas puedan cambiar. Habitamos un mundo que es gobernado por el capitalismo y las ideologías neoliberales, mantenido por ciertos grupos de poder político y auspiciado por los medios de comunicación de masas. El hombre se ha convertido en un ser cómodo, que vive sus días ciego a los verdaderos problemas de la humanidad y que le basta estar confortablemente vestido, nutrido y atiborrado de productos inútiles que mañana querrá cambiar por otros nuevos, mientras, con una lata de cerveza en una mano, cambia con el mando que sostiene en la otra los canales de su televisor de plasma. Eso somos.

No es de extrañar que el arcángel Gabriel acabe pulsando con el botón derecho del ratón sobre la función “Eliminar” para que todo acabe y regrese, de nuevo, el negro abismo lleno de tinieblas.

Talens, sin embargo, no conforme con el final absurdo de la historia del hombre, trata de subvertir el orden pronosticando un milagro. Con el fin del mundo, tras el Big Crunch, como un pulsar que se apaga y vuelve después a encenderse, el mundo recomenzará y Dios, más sabio, reconvertida su inteligencia y omnisciente sabiduría, modificará las primeras palabras del génesis, de la creación del mundo: “Y los bendijo Dios; y les dijo: Creced y multiplicaos, y poblad la tierra, y respetadla y compartidla entre todos vosotros; ay de quien pretenda ser su único propietario, el rayo de mi cólera caerá sobre su cabeza”. Y con esto, Talens, el verdadero Dios creador de “La cinta de Moebius” ha logrado lo que antes nadie había osado hacer: unir fe e historia, religión y mundo, introduciendo las premisas del materialismo histórico en la creación del universo a manos de Dios.

Mientras llega o no llega su pronóstico, yo propongo que los demás recemos una oración reconvertida al lenguaje cibernético de nuestros días:


Servidor Divino que habitas en Internet
Santificado sea tu dominio .com
Venga a nosotros tu web
Ejecútense tus subrutinas tanto en tus páginas como en nuestros blogs
Danos hoy la password de acceso de cada día
Perdona nuestros errores de sistema, así como nosotros perdonamos los de Windows
No nos dejes caer en la hibernación
Y líbranos de la papelera de reciclaje

FATAL_ERROR_The_System_is_going_to_reboot


Obras del autor:
-La parábola de Carmen la Reina (1992) (Novela)
-Venganzas (1995) (Relatos)
-Hijas de Eva (1997) (Novela)
-Rueda del tiempo (2001, Premio Andalucía de la Crítica 2002) (Relatos)
-La sonrisa de Saskia y otras historias mínimas (2003) (Relatos)
-La cinta de Moebius (2007) (Novela)